Yolanda fichó a la salida cuando terminó su trabajo. Ya casi no había nadie en la calle. Suspiró y se dispuso a llamar a un taxi cuando un lujoso carro blanco se detuvo ante ella. Las puertas del carro se entreabrieron, dejando ver a un hombre y una mujer que Yolanda conocía muy bien.
—¿Qué haces de vuelta en el DF, Yolanda Mora? —preguntó la mujer, enganchando su brazo alrededor del hombre.
—Vaya, vaya, Mariana Herrera—se burló Yolanda. Ella fue una vez su mejor amiga. El hombre al que sujeta