Mientras Sofía y Julio hablaban por teléfono, al otro lado de la ciudad se estaban gestando problemas.
Un hombre de aspecto un poco amenazador se recostó en su silla, mirando atentamente las fotos de su teléfono—¿Estás seguro? —preguntó a su guardaespaldas.
El guardaespaldas asintió:
—Sí, señor. El viejo es uno de los pocos que dejaron la familia hace años. Ése es su nieto. Ha tenido mucho éxito en Guadalajara.
El hombre del salón apagó el teléfono:
—¿Qué intenciones crees que tiene esa gente?