El sueño se apoderó de Sofía en cuanto se sentó en el asiento del copiloto. Se quedó dormida casi al instante, confiando en el hombre que tenía a su lado. Julio no dijo nada en todo el trayecto, sólo redujo la velocidad.
Pronto llegaron a casa.
Justo cuando Julio se preguntaba si llevar a Sofía de vuelta a casa o esperar a que se despertara, ella parpadeó lentamente.
—Lo siento... me quedé dormida—bostezó. La vergüenza se reflejó en su tono. Ni siquiera recordaba cuándo había empezado a dormir.