El repentino timbre de un teléfono sobresaltó a ambos. Sofía recobró el sentido y se separó de los labios de Julio.
—¿Qué pasa, Antonio? —dijo ella, respondiendo a la llamada.
—¿Dónde estás? ¿Estás bien? —la voz de Antonio sonó desde el otro extremo. Sonaba ansioso, preocupado.
Sofía frunció el ceño. Intuía que le pasaba algo.
—¿Qué pasa, Antonio? ¿Qué ha pasado?
—Nada... nada— Antonio tropezaba con sus palabras. No sabía cómo explicarse.
—¿Qué demonios ha pasado? —Sofía no era tonta.