El sonido de golpes en la puerta resonó, y Antonio rápidamente apagó su teléfono. Mariana entró empujando la puerta y al ver a Antonio sentado frente al escritorio, sintió pena por él.
—¿Todavía estás ocupado? ¿Los Blanco te están haciendo dificultades y por eso te asignan tanto trabajo?— En estos días, Antonio prácticamente salía temprano y llegaba tarde, incluso más ocupado que en su propia empresa.
—No, estoy bien— respondió él. Tenía problemas, pero no podía decírselos a Mariana; decirle sol