Viendo que ambos tenían regalos preparados para el niño, Mariana se sintió muy apenada y rápidamente negó con la cabeza, diciendo:
—No es necesario, de verdad. Solo con el gesto es suficiente. Es muy pequeña, no necesita ningún regalo.
—Sostenlo, es para el niño— insistió Sofía, entregándole el regalo a Mariana. Dado que el niño era muy pequeño, solo su madre podría guardárselo por él.
Mariana, indecisa, buscó la mirada de Antonio, preguntándose si debía aceptar o no.
—Sí, tómalo. Es lo que deb