Mario no se preocupó por el asunto. Miró a la habitación de al lado, aparentemente luchando por encontrar las palabras que decir.
—¿De verdad le gusta Sofía, señor?
—Te lo advierto, no te atrevas a albergar malas intenciones hacia ella.
El rostro de Diego se agrió. No permitiría que nadie pusiera sus manos sobre Sofía, ni siquiera Mario.
Mario se puso pálido, comprendiendo lo que Diego quería decir.
—Te preocupas demasiado por ella. Eso no es bueno.
Si se preocupaba demasiado por ella, se conve