Hernán nunca se imaginó que Mercedes se atrevería a hablarle de esa manera. Apuntando hacia ella, exclamó:
—¡Carajo! Antes fingías que no querías nada, y ahora te atreves a enfrentarte a mí por esto. ¿Qué podrías hacerme si no cedo?
—¡Si no cedes, no aceptaré el divorcio! —Mercedes se burló. De todos modos, no era ella quien estaba apurada.
Al escuchar esas palabras, Hernán se enojó aún más.
—¡No puede ser! ¡Tenemos que divorciarnos!
—¡Si quieres el divorcio, dame los ahorros! —Mercedes se dio