43. NOVEDADES DOLOROSAS
JAMES
—Maldita sea Sandra ya deja de llorar— la gritó porque me harta— así es la vida, tu mejor que nadie lo sabe y a estas alturas lo único que te debe importar es que el niño ya nació.
—Y la niña murió— llora— papá tu me dijiste que ella odiaba a los bebés y por eso te exigió que él no lo sepa, no entiendo por qué.
—Fue su decisión y si yo no cedía a eso, ningún niño se hubiese quedado aquí, ya ves que a escondidas los estaba vendiendo, la ambición de esa mujer no tiene límites y aunque Ben