Finalmente llegamos al penthouse. Nos estacionamos y nos preparamos para despedirnos una vez más. Adrien, con una mirada preocupada, repite que no desea dejarme sola por mucho tiempo. Trato de tranquilizarlo con palabras reconfortantes, asegurándole que estaré bien y que regrese lo más pronto posible.
Observo cómo se dirige nuevamente a su automóvil y, mientras se aleja, le despido con una sonrisa y un gesto de mi mano. Conforme Adrien desaparece de mi vista, decido tomar mi teléfono y llamar a