Perspectiva de Annabel
Me desperté con un golpeteo fuerte dentro de la cabeza a la mañana siguiente. Por unos minutos no pude entender quién era yo ni quién era el hombre que me miraba.
Solo recordaba un nombre y seguí repitiéndolo hasta que mis recuerdos regresaron.
—Scott no está aquí, Natalia —me respondió Myron, con un ceño profundo instalado en su rostro.
Volví en mí y solté un suspiro mientras me sostenía la cabeza.
—No debiste haber hecho eso —comenzó el regaño—. ¡Podrías haberte matado!