—¿Cómo están mis pacientes preferidos? —preguntó y ellos intentaron sonreírle—. Me gusta verlos más tranquilos, porque vengo por los dos. Theodore ya se despertó.
—¡¿Theo?! —Nina se incorporó de golpe y el dolor en el hombro la hizo gruñir.
—Calma, dragoncita. Despacito, que traes un ala chueca —l