La sonrisa socarrona de Kolya se extendió por su cara con una expresión satisfecha.
—¡Creo que es hora de pagar! —aseguró porque él había apostado por el lechuzón y resultaba que acababa de llevarse a Nina sin que ella opusiera ni un solo gramo de resistencia—. ¡Se los dije! ¡Hay que tenerle fe al