—¿Estás diciéndome que están en peligro? ¿Las dos? —la cuestionó.
Katerina empujó el vaso hacia él para que le sirviera de nuevo, y lo miró a los ojos.
—¿Sabes cuál es la mejor arma de cualquier persona? —le preguntó y él no se molestó en contestar porque sabía que se equivocaría—. La experiencia.