—No va a hacer falta —aseguró Jake—. Ella solita va a venir.
Y tal como lo esperaba, menos de cinco segundos después Danielle Campbell entró por aquella puerta, con el rostro sangrante y los dientes apretados.
—¡Ayuda…! —chillaba como podía—. Alguien que me ayude… ¡me atacó, esa loca me atacó…!
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