—Lo sé —aseguró—. Sé que voy a sufrir mucho todavía, pero ese es un precio que estoy dispuesta a pagar. Como dice el refrán, estoy lista para quedarme tuerta, si con eso logro verlo ciego. Al final… se vale todo, ¿no es cierto?
El abogado frente a ella apretó los labios con impotencia, pero el celu