Después de cenar, Laura nos hizo apartar la mesa para liberar espacio, insistiendo en que necesitábamos bailar. Agradecida por haber practicado, le extendí la mano, sonriéndole a Susana.
"¿Lista para bailar con tu marido?"
Su sonrisa era tímida, pero auténtica, mientras me tomaba la mano. "Sí, cariño. Pero no gastes toda tu energía en la pista de baile".
Le guiñé un ojo. "No te preocupes por eso, cariño".
La hice girar en la pista de baile entre risas. Se acurrucó contra mí mientras nos movíamo