Se encontraban en una lujosa convención de prominentes empresarios en uno de los hoteles más prestigiosos de Londres. Los invitados hablaban unos con otros mientras disfrutaban de un delicioso cóctel en el salón más grande del edificio.
Los temas sobre negocios triunfaban por doquier; aquellos que lo trataban intentaban hacer buenos tratos para el beneficio de la empresa. Por otro lado, estaban aquellos otros que sólo habían ido a socializar y a cotillear sobre los que no habían venido a aquel