Sorpresas

En ese lugar el ambiente era pesado, Alexander nos vio con ganas de querer matarnos.

Entre risas y bromas, nos olvidamos por completo de la reunión y de que tanto Alexander como Alicia estaban en esa habitación, no precisamente con su mejor cara.

—Creo que les duele el odio —me dijo Manuel al oído, soltando una risa cautelosa.

—Siento sus ojos sobre nosotros.

—Los ojos están sobre nosotros o quiero decir, sobre ti.

—No es gran cosa, me vestí lo más rápido que pude y sinceramente me molesta esta
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