Capítulo 130. No voy a buscarlo, papá
África aparcó en el patio de la imponente mansión O’Connor, pero no se movió de su asiento. Sus manos estaban pegadas al volante y sus nudillos cambiaron de color igual que su rostro.
—¿Estás bromeando? —preguntó.
—No, ninguna broma, África. Aunque no me siento de ánimos para sonreír todo el tiempo, haré mi mejor esfuerzo. La tía Virginia es una de mis invitadas, no puedo desairarla, ni a ella, ni a los invitados que ya se habían hecho un espacio para regalarme su tiempo.
—Tienes razón, además,