* * * * * * * * Lorey * * * * * * * * * *
—Ah… ah au —articulo a la vez que llevo una de mis manos hasta mi cabeza—. Ay, dios… —me quejo— qué fuerte dolor de cabeza —preciso mientras me remuevo en mi cama—. Esto parece el infieeer… ah, ah, au —me quejo, otra vez, debido a lo fuerte que había hablado—. Dios, qué horrible… —exhalo— esto es… ho – rri – ble —puntualizo al tiempo en que acomodo bien mi cabeza sobre la suave almohada—. Hoy no me levanto —determino firme mientras tomo el edredón y me