***************LOREY****************
—Sí, por favor —le digo a la amable señora que nos estaba atendiendo—. Dos de limón —especifico; y ella me sonríe para después, disponerse a preparar mi pedido.
—No tenías por qué hacerlo —susurra el guapo italiano, que estaba conmigo, y el cual me abrazaba por detrás mientras dejaba suaves caricias con su nariz a lo largo de mi cuello.
—Claro que tenía que hacerlo. Yo... no te dejé disfrutar de tu helado.
—Bueno... —susurra sereno al exhalar, de manera tran