Luego de unos minutos en los que mi jefe trata de recobrar su compostura, menciona mi nombre.
- Isabella, comunícate con la señora Senil. Dile que envíe a otra persona o cancelamos el contrato.
- Señor, si hace eso, perderá miles de dólares y se enfrentará a una demanda, el contrato fue firmado- le recuerdo y recarga sus codos sobre su escritorio y deja descansar su rostro en sus manos. Es la primere vez que lo veo frustrado.
- Hijo, Isabella tiene razón, además le estás dando el gusto a esa muj