NATANAEL DÍAZ
—¿Estas seguro de lo que me estás hablando?— le pregunté a mi nuevo asistente. Mi padre lo había recomendado ya que tenía mucho tiempo de trabajar con el, así que accedí.
—Totalmente, señor,— dijo muy convencido.
Los últimos días hemos estado tras la compra de una empresa de automóviles que según mi estudio era una compra segura, estaba en bancarrota, pero con la experiencia que tengo estaba muy seguro que la sacaríamos a flote. Dinero era lo que teníamos de sobra en este momento.