Keira
—¿Qué haces? —le pregunto mirándolo por encima del hombro.
—Nos vamos de aquí —sisea mientras avanza hacia la salida del hotel.
—No puedes hacer eso. —Me zafo de él.
Sebastian se gira hacia mí, pone sus manos en jarra a nivel de sus caderas y exhala fuerte, como si estuviera drenando su rabia con ese suspiro.
—No quiero estar aquí, Keira. Esto es un mero compromiso social. Lo que en verdad deseo es estar pegado a ti toda la noche porque me iré en la mañana y no podré volver en semanas —