Capitulo 6. El desagrado no lo pudo ocultar.
—Cálmate Betty, no hice nada malo, pero no puedes decirle a Edward que es precioso, se oye ridículo, porque no es verdad y lo sabes.
—Para mí lo es, y lo es por todo lo que trae en su interior y en su corazón, él es un hombre de admirar, merece todo el respeto del mundo.
—Disculpe la interrupción, señora Betty, acaban de llegar los invitados.
—Háganlos pasar y traigan a los mellizos, gracias.
Betty acomoda la corbata de Edward y mira a su esposo enojada y con sus mejillas coloradas de la ira.
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