En los siguientes días no pude ver a Roberto, o estaba muy ocupado, o no se encontraba en casa.
Eran las nueve y media, Roberto no aparecía, las velas se consumían, llevaba mi cuarta copa de champán y mis esperanzas de que llegara se habían acabado, todavía no podía creer que lo haya esperado por tanto tiempo.
Él ya no vendría, ¿Quién llega tarde a una cena en su propia casa?. Seguro seguía molesto conmigo. Suspiré abatida.
Escuché un ruido, imaginé que se trataba de alguien del personal que v