—No es nada, en serio... —mentí, apretando mi mano.
—Si quieres poder atacar y defenderte, tenemos que vendar esa mano. Los guerreros nos indicaron unas casas seguras.
—Entonces allí iremos.
El caos seguía alrededor, rugidos y gritos mezclados con ráfagas de disparos. El aire estaba espeso, vibrando