38. Una promesa.
GABRIEL
Me sentía culpable por no haber creido en Samantha desde el principio, la furia me habia cegado por completo, debí saber que ella daria todo por mi, y yo no confíe lo suficiente.
Debia pedirle perdón, de corazón.
Llegamos a casa, se ocupó de nuestro hijo, y él se durmio rápidamente, en brazos de su madre.
-Es tan lindo, como tú, cuando no te enfadas por supuesto- lo acostó en su cama y lo arropó.
- Ven conmigo- le dije.
Nos sentamos en el tapete, en su lugar favorito, la mancha aún segu