Daniela se quedó quieta.
Jimena.
Alejó un poco el teléfono, sus ojos entrecerrándose ante el número desconocido en la pantalla.
Por un segundo, consideró colgar.
“Si cuelgas,” añadió Jimena con frialdad, “entonces puedes considerar perdida cualquier posibilidad de ayudar a Alejandro.”
La vacilación