Punto de vista de Iris.
El golpe en la puerta hizo que desapareciera de mi cuerpo cualquier sensación de deseo por el toque de un hombre.
Mis ojos se clavaron en Vince, que todavía tenía la cabeza entre mis piernas.
—Hay alguien en la puerta —susurré asustada.
—¿Estás asustada o qué? —preguntó en voz baja mientras su lengua recorría mi clítoris, provocándome un gemido de placer.
—En serio, necesito volver a mi escritorio —empecé—. Ayyyy uhmmmm…
Vince ignoraba por completo cada súplica que hacía