Al llegar a la mansión, Tita ya había preparado la merienda en la cocina. Los tres dejaron las mochilas junto a la puerta y ocuparon sus sitios alrededor de la mesa, aunque Liam parecía tener la cabeza en cualquier parte menos en el bocadillo que tenía delante. Cada pocos segundos desviaba los ojos hacia la caja donde había guardado el proyecto de ciencias, como si temiera que el volcán pudiera desaparecer si dejaba de vigilarlo demasiado tiempo.
—No vamos a probarlo hasta que termines de meren