Capítulo 135
Aquella tarde, Leon llegó de la empresa más temprano de lo habitual. En cuanto entró en la mansión, oyó risas infantiles procedentes del salón.
Encontró a Hanna dibujando en la alfombra, rodeada de lápices de colores esparcidos. Julian estaba sentado a su lado, concentrado en colorear un árbol enorme.
Los dos levantaron la cabeza al mismo tiempo.
— ¡Papá!
Leon sonrió, cansado, pero el corazón se le calentó con la visión de sus hijos. Se arrodilló frente a ellos y abrió los brazos.