PUNTO DE VISTA DESCONOCIDO
Hice girar el cigarrillo entre mis manos y me lo llevé a la boca.
Frente a mí estaba sentado Joey, un hombre que en otro tiempo había sido mi hombre de confianza. Ahora, su sola presencia me hacía sentir como si me atravesaran con una espada.
Sus ojos recorrían la habitación, incapaces de encontrarse con los míos, y yo lo supe.
«Joey», dije en voz baja, casi inaudible, pero tan aguda como siempre, rompiendo el silencio.
«Creo que tienes algo que decir, ¿verdad?».