Un nuevo día comenzó, aunque no era igual a los demás. Celeste se arrastró fuera de la cama con los ojos entrecerrados e hinchados, dolor de espalda y el cabello enmarañado. Se miró al espejo y contempló el desastre matutino que era.
-Hola 29 años- exclamó con la voz ronca. No era una buena manera de comenzar un nuevo ciclo. Así que rápidamente se metió bajo la ducha para cambiar el aspecto desaliñado.
Luego de un largo baño relajante, cremas y una buena peinada de cabello se podría decir que