Sentirse miserable era decir poco. Queria que las sábanas y el colchón la absorvieran, que se abriera un hueco debajo de ella, que la tragara y la llevara a donde nadie más la lastimara. Observó el techo viejo de madera manchado con humedad durante lo que se sintió más de una hora mientras escuchaba música triste en loop que solo la hacía poner peor y peor.
Una lágrima traicionera se deslizó por su rostro hasta su almohada, la canción parecía haber estado hecha para ella, clavando sus palabras