Azaleia
No puede ser, es lo único que puedo pensar, esto no está sucediendo. Me arrinconé contra una pared, apretando mis manos contra mí. Blatta se veía como siempre, pero ya no era el hombre encantador que una vez intentó conquistarme.. Su sonrisa ya era malévola, su andar peligroso.
—¡Aléjate de mí!— le gritaba yo mientras él se acercaba
—Azaleia… querida… ¿Esas son formas de tratar a tu futuro esposo?— me pregunta divertido, si se ve encantado con esta situación.
—¡Tú no vas a ser mi e