Azaleia
El Conde estaba desesperado, pidiendo cabezas, responsables, algo, totalmente olvidado de que estábamos aquí, y que nosotros mismos habíamos hecho caso omiso a su pedido. Digamos que las cosas nos salieron bien, al menos nuestra terquedad y rebeldía tuvo frutos. No los que pensábamos
—Hicieron realmente bien, por primera vez me alegro de que sean tan desobediente… y usted Duquesa… tiene buenos sentidos y una gran gran suerte— nos decía Nicasia mientras los soldados revisaban los alrede