Tony y Dan se volcaron en un insistente ruego para convencer a Débora, la instaban sin tregua, usando todos los argumentos que les venían a la cabeza, para que dijera la verdad.
Ella no respondía a ninguna de sus preguntas ni hacía caso de sus ruegos. Permaneció en silencio, ajenas a las súplicas de Daniel que la miraba anhelante. Había adoptado esta postura para poder aislarse y no ceder. Debía ser fuerte por el bien de Daniel. Saber que estaba haciendo lo correcto y que a su amor no le pa