MORFEO
Gruñí y me giré para acostarme sobre el otro lado. La sangre se me había coagulado en el brazo y me punzaba como espinas. Estaba acostumbrado a acostarme en suelos fríos, pero este apestaba a muerte. Abrí los ojos, la cabeza me daba vueltas y todo estaba borroso. El dolor me subió por la columna vertebral y parpadeé dos veces para distinguir la figura que tenía delante. Me quedé mirando a la figura inmóvil hasta que la niebla de mis ojos se disipó.
"¿Princesa?", grazné. Mi voz apenas se