—Es sorprendente, Alexander—se quejo Andrew, mientras apuraba su bebida—. Como puedes ser tan listo y a la vez tan idiota.
Alexander le hizo un gesto con las facciones enrojecidas de su rostro, antes de continuar bebiendo el liquito. Llevaban alrededor de una hora en el lugar, tiempo que ambos habian utilizado en su maximo explendor para beber y quejarse, en especial Alexander quien parecia tener un constante motivo para ello. Sin embargo, Andrew comprendia que su amigo no le estaba contando la