A él no le importaron mis gritos ni insultos me cargo en brazos hasta su carro y después condujo con toda velocidad rumbo hacía su casa.
Definitivamente, este hombre ha enloquecido quien sabe lo que sería capaz de hacerme.
—¡Ala primera oportunidad me escapo imbécil!— Le advierto en cuanto él se detiene al llegar a la casa
—Inténtalo, cariño, si te atreves a dejarme te buscaría hasta por debajo de las piedras. Si quieres que te trate como a una niña caprichosa, lo haré, Daniela.
—¡Te odio, imb