El sol de la mañana se colaba a raudales por los ventanales de piso a techo de la acogedora cafetería de Valerie en Manhattan. El aroma intenso y reconfortante de los granos de café espresso recién molidos y de los pasteles calientes de vainilla llenaba el aire, creando un remanso de paz lejos de las bulliciosas calles de la ciudad.
Tiana dejó escapar un largo suspiro de agotamiento al empujar la puerta de la oficina trasera, ya fuera de su turno. Acababa de terminar un turno nocturno agotador