Laia.
Era de noche y habían pasado unos días desde lo sucedido con Caleb. No estaba aguantando guardarme ese pecado tan abismal, y Zoé se estaba dando cuenta de que yo ocultaba algo.
—¿Me puedes decir qué te sucede? —resopló—. Sé que a penas tengo dieciséis años, pero también sé muy bien acerca de muchas cosas gracias a los libros que he leído. ¿Sabías que hay muchos sobre sexualidad?
Abrí los ojos. Me eché hacia atrás en la cama para acostarme y tomé una almohada para cubrirme la cara. No esta