CAPÍTULO 28: QUE ELLA NO SE DÉ CUENTA
Lucy lo observa con una expresión de travesura pura.
—¡Lucy! —gruñe Anthony, girándose por completo en su asiento—. ¿Qué estás haciendo aquí?
La niña se revuelca de risa, cubriéndose la boca como si tratara de esconder lo obvio.
—¡Quería ayudar, papá! Dijiste que ibas a ver a San Nicolás, ¿y cómo vas a hacer eso sin mí?
Anthony cierra los ojos, pasa una mano por su rostro y suelta un largo suspiro. Claro, a la pequeña ratoncita no se le escapa nada, y ahora