—El Lingzhi de siete colores ya fue regalado por el patrón —dijo la anciana negando con la cabeza.
—¿Regalado? ¿A quién? —La sonrisa de Héctor se congeló.
—A un joven llamado Pedro —la anciana respondió con sinceridad.
—¿Qué? ¿A ese muchacho?
Héctor frunció el ceño, su expresión se tornó algo desagradable.
El Lingzhi de siete colores, esa joya, ¡y se la dan a un inútil, qué viejo tan senil!
Aunque Pedro haya salvado la vida de Pilar, ya se le ha compensado lo suficiente, ¿por qué mostrarle tanta