Delicia se preguntaba cómo alguien como ella podría tener un futuro o siquiera tener el derecho de hablar sobre él.
—¡Delicia!
—¿Hmm?
—Eres una mujer. Solo perdiste a un esposo, no tu vida.
—Pero para mí, no es solo perder a un esposo.
Lo que había perdido era su verdadero yo.
Carlos frunció el ceño y dejó sus palillos a un lado, mirándola fijamente. El hombre, siempre agudo y perceptivo, parecía haber malinterpretado la situación.
—Entonces, ¿todavía no puedes olvidarlo?
¿No poder olvidar? Del