Stefan
—¿Cómo se atreve a decir que estoy celoso? —me pregunto en voz alta. Algo que puedo permitirme hacer porque estoy solo en la cocina ahora mismo.
Vuelvo a servirme un vaso con un poco de güisqui y me lo bebo de un solo trago.
—Es ridículo, para estar celoso tendría que sentir algo por ella y por supuesto que no —me respondo.
Si alguien me escuchase ahora pensaría que estoy loco por hablar solo.
—Señor Marriott.
Karina entra a la cocina con la ropa de Lizzie bien doblada y planchada en las