Punto de vista de Nadia
Adrian no desperdicia ni un segundo.
Se mueve.
Rápido, brutal, preciso: su mano golpea la muñeca del hombre, torciéndola con tanta fuerza que la pistola se suelta, y Damien —Dios, Damien está aquí, ni siquiera lo vi volver— se lanza contra el hombre desde el lado como una fuerza de la naturaleza, desequilibrándolo por completo. El bosque estalla en movimiento otra vez, todo volviendo al caos, pero ya no se siente igual.
Porque ahora puedo sentirlo.
Todo.
Cada movimiento