Punto de vista de Nadia
No me moví. Creo que ni siquiera respiré. El arma parecía más pequeña de lo que esperaba, casi ordinaria en la mano de Damien, pero la forma en que la sostenía me decía todo lo que necesitaba saber. Esto no era una amenaza lanzada con ira, no era un momento de pérdida de control, era deliberado, estable y aterradoramente calmado. El cañón permaneció nivelado con mi pecho mientras su expresión seguía ilegible, como si estuviera discutiendo negocios en lugar de decidir si